miércoles, 22 de febrero de 2017

Describiendo historias: La vestuarista





Nombre/seudónimo autor: Dolores Fuster 
Título: La Vestuarista 
Género: Romántica. 
Saga: No 



Sinopsis: 


Se conocieron accidentalmente en un café de Getafe una tarde calurosa de fines de verano. Felipe quedó profundamente enamorado de Elena, una misteriosa vestuarista de teatro que siempre busca tener la última palabra. Ella esconde una historia llena de turbulencias que le impide acercarse a los hombres y él es un muchacho indiferente que no tiene el valor para arriesgarse por amor. 

Pero sólo un instante de conexión en sus caminos logró anudar un vínculo inquebrantable. Ninguno de los dos podrá romper el hechizo. 

¿En qué momento la curiosidad por el pasado se vuelve obsesión? La naturaleza humana puede llegar hasta rincones insospechados con tal de evitar un corazón roto, pero cuando el amor es genuino la fuerza que lo impulsa es imparable. 


Resumen: 


Felipe conoce a Elena por casualidad en un café, pero no alcanza a preguntarle su nombre cuando ella desaparece tras la puerta de salida, visiblemente asustada. Ella es vestuarista de un teatro de La Latina en Madrid, y él recorre todos los rincones del centro para encontrarla. Cuando lo hace, ella se siente inmediatamente atraída hacia él, pero un oscuro secreto le impide abrirse hacia una nueva relación. 


Felipe es un hombre que nunca corre riesgos y no tiene fuerzas para enamorarse, aunque con Elena se siente diferente. Sin embargo, comienza a sospechar sobre su pasado; su paranoia y su obsesión crecen con cada encuentro, al igual que su atracción hacia la joven. No quiere que le rompan el corazón pero tampoco quiere dejarla ir. 


Un evento fortuito y fugaz cambiará por completo el rumbo de sus vidas, los obligará a afrontar sus miedos cara a cara y a tomar una decisión indeleble: seguir juntos a pesar de sus defectos o tomar caminos opuestos, sin arriesgarse a una relación que podría ser un fracaso rotundo. 



Presentación de los personajes: 


Elena Savina es española, su padre era sastre y heredó de él la pasión por las telas. Cuando éste murió, tuvo que mudarse a Inglaterra a los diecisiete años, lugar donde conoció el amor por el teatro y decidió ser vestuarista. Años después, regresó a su Madrid, justo en el medio de la crisis económica. Es una mujer que nunca se queda callada, no tiene filtros a la hora de hablar. Es enérgica y de carácter fuerte, es obsesiva con su trabajo y evita a los hombres por su pasado turbulento. 


Felipe Almanza es un hombre sosegado. Es mánager regional de una cadena de restaurantes con librería y tiene un hijo de siete años con su ex esposa. Nunca corre riesgos, no vive aventuras, no piensa en enamorarse. Tiene tanto miedo a salir lastimado que cuando conoce a Elena su equilibrio mental se ve comprometido. Cuando no tiene más salida que afrontar su futuro junto a ella o alejarse, entrará en una crisis que le removerá todas sus bases. 


Personaje secundarios: 


Marcela Barros es la mejor amiga de Elena y su compañera de aventuras. Juntas llevan a cabo una iniciativa solidaria a pesar de que son completamente opuestas en sus ideas. 


Alexandra es una mujer de sesenta años que aloja a Elena durante su estancia en Londres. Es la voz de su conciencia, una persona inteligente, culta y profundamente protectora de la muchacha. La ayudará a aclarar sus ideas cuando caiga la tormenta. 


Viviana es la ex esposa de Felipe, una mujer frívola y desafecta, que no quiere saber nada con su ex esposo si bien no lo detesta. Jugará un papel clave en la psicología de Felipe a la hora de tomar decisiones. 



"Varias horas más tarde, Felipe despertó sorprendido, creyendo oír un golpe lejano. Llevaba casi diez años ensayando la misma secuencia mental apenas abría los ojos: analizaba qué maniobra aplicar para levantarse sin sufrir ningún calambre, qué iba a desayunar, qué camisa usaría dependiendo el día, cuál periódico leería primero. Fue sólo durante su divorcio que su rutina se había alterado, aunque levemente. 

Esa mañana, con los pies congelados y las rodillas inertes, Felipe despertó sorprendido porque su atención se posó completamente en la idea de Elena, quien tal vez todavía dormía en su sala. Se sintió extraño e inquieto, para nada acostumbrado a estos desniveles en su rutina. Había dormido poco, muy pendiente de los suaves giros en el sofá de su invitada, que había alcanzado a oír con una precisión de alarma. El otoño ya se sentía irreversible, no sólo por el frío que saturaba la habitación sino también por ese novedoso sentimiento que no parecía dispuesto a esfumarse. 

Revisó el reloj. Eran las siete y cuarto. Se puso un par de pantalones y se dirigió hacia la sala. El sofá estaba vacío y tan mullido como la noche anterior, la cobija estaba perfectamente doblada sobre la almohada. Recorrió la sala con la mirada, en busca de otra huella de la mujer que había pasado la noche en su casa. Estiró el cuello y miró hacia el baño, la puerta estaba abierta y no había nadie allí. Se dirigió a la cocina y la encontró intacta. 

¿Qué habría pasado con su compañera de piso? El tema, sorprendentemente, le preocupaba, de la misma forma que preocupa a los lectores el desenlace de una novela muy dramática. No podía olvidar la desesperación de Elena mientras corría hacia él con el rostro empapado. Regresó a la sala y se sentó en el sofá, desencantado. Su mirada se posó sobre el libro de Pla y encontró sobre él un pedazo de papel doblado a la mitad: 

Gracias por todo y perdón. Espero no haberte importunado. 

La nota concluía con una firma subrayada y la acompañaba, en letra muy clara, un número de teléfono". 





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