sábado, 16 de junio de 2012

Los lobos de la frontera - Rosemary Sutcliff.


 

Britania, 343 d.C. El Muro de Antonino hace tiempo que ha caído y el orden se va deteriorando poco a poco en el extremo septentrional del Imperio, más allá del Muro de Adriano. La protección frente a las tribus celtas y pictas proviene de una pequeña unidad avanzada de legionarios medio salvajes: los Lobos de la Frontera.

Alexios Flavio Aquila recibe el mando de esta unidad irregular y del puesto de Castellum, pero sabe que no se trata de una promoción, sino del final de su carrera. Una decisión errónea, al abandonar un fuerte en la frontera germana del Danubio durante un ataque bárbaro, costó la vida a la mitad de sus hombres, y si no hubiera sido por la influencia de su tío, gobernador del norte de Britania, ya no sería centurión ni legionario.

El fracaso y el privilegio no son una buena carta de presentación ante una tropa veterana y endurecida, de manera que su superviviencia dependerá de ganarse su respeto y convertirse él también en un Lobo de la Frontera. La paz de la frontera será rota por un ataque de celtas, pictos e irlandeses, de manera que Alexios tendrá que enfrentarse de nuevo a la decisión de resistir o retirarse para salvar a sus Lobos de la superioridad del enemigo y vovler a ganar el respeto de sus superiores.



Hija de un oficial naval inglés, tuvo una infancia muy viajera siguiendo los diferentes destinos de su padre. Aquejada desde muy pequeña de artritis, se vio muy pronto obligada a utilizar una silla de ruedas, lo que propició que fuese una gran lectora y una entusiasta estudiosa del mundo del arte. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial centró su actividad en la escritura, especializándose en novelas históricas que reconstruyen con minuciosidad y gran calidad literaria buena parte de la historia de la Britania romana y las leyendas que surgieron de la Edad Oscura.

Su extensa producción literaria, compuesta por más de cuarenta títulos, le valió el Premio Hans Christian Andersen, el Carnegie Award, el Boston-Globe Horn Book Award y el Phoenix Children’s Book Award, además de recibir la Orden del Imperio Británico en 1975 y el nombramiento como Comandante del Imperio Británico en 1992, poco antes de su muerte.

Los lobos de la frontera es una novela que desde el principio engancha, no se anda con sutilezas ni 'introducciones' y desde el comienzo, la acción estará presente. Alexios Flavio Aquila será nuestro protagonista, uno de los más altos cargos de Roma, fue escalando legión a legión hasta llegar a la segunda; gracias a su pontencial y aptitud, y sí todo hay que decirlo, por el poder de su tío.

Muchos son los hombres que le envidian, acechan como buitres para poder arruinarlo. Y, su momento perfecto, llegó con la inexperiencia de Alexios ante una situación nueva pero que exigía un alto nivel de madurez y pericia. Ante esta mala decidión la carrera de Alexios se ve truncada, incluso arruinada. Sin apoyo ni de sus compañeros (los pocos que quedaron) ni de sus familiares, Alexios deberá cumplir su castigo.

Las malas lenguas afirmaban que si hubiera sido otro el que hubiera cometido tal error, no volvería a tener carrera, ni siquiera honor. Pero su tío le dio otra oportunidad, tendría que demostrar su valía y debería curtirse en La frontera de los lobos.

Una escena que me gustó mucho, fue cuando Alexios cazó al lobo que iba a ser su 'capa' (esto suena fatal, lo sé, pero no es lo que parece y no quiero spoilear). La relación hombre-lobo esa conexión fue casi mística. Muy bonita.

Alexios no solo tendrá que demostrar su destreza al mando, sino que tendrá que ganarse a sus compañeros, a los que le llegaron los rumores de la ruina de Alexios en su anterior batallón.
La autora tiene tal calidad a la hora de describir y de contar los hechos, que no es de extrañar que os encontréis encima del sofá de vuestro salón, dando estocadas con una espada imaginaria mientras que con la otra sujetáis la novela. O incluso dando órdenes a diestro y siniestro.

Es envidiable cómo ha conseguido que empatizara 100% con Alexios, cuando le dolía la barriga me dolía a mí; cuando estaba nervioso, yo también; cuando tenía miedo, mis pupilas se dilataban de igual manera.

Valoración: Muy bueno.

Agradecimientos a la editorial.

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